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¿Ahora si, después de esa suculenta sopa venia ese plato principal tan esperado por los nietos, el arroz de la abuelita Blanche, que le ponía que era tan pero tan rico? No lo sabemos, pero te aseguro que no parabas de comerlo, todo cortado de una manera tan prolija, las verduras se veían todas tan hermosas, la carne súper tierna y cortadita de la misma manera, era algo increíble, no se llamaba paella, ni pilaf, ni tampoco risotto, simplemente era su receta, y no es que se la guardara, para nada, yo siempre la ayudaba a cortar todo, y de una manera tan simple ella cocinaba los ingredientes y le ponía los condimentos que tenía a mano, eso sí, siempre pero siempre le salía igual, no sé cómo lo lograba, ya que no media nada por el estilo. Usaba los mejores ingredientes, era el secreto, aparte del secreto más grande do todos, es que lo hacía con mucho, pro mucho amor. Y como un Buenos Aires chef a domicilio, hago lo mismo con todas mis preparaciones.

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Recuerdo también que yo me animaba a hacer de mis travesuras con este arroz. Mi pecado, si se puede llamar pecado, era agregarle mostaza por encima, acción que al abuelo José lo ponía loco y del pelo, perdón, de los pelos no mucho, era casi pelado. ¡Servían la mesa y yo cuando ya comenzábamos a comer me dirigía a la cocina de manera sigilosa y de la puerta de la heladera tomaba el clásico y ya desaparecido pote de mostaza, marca Savora, tarrito de vidrio, tapa de metal, como venían la mayoría de los condimentos y aderezos en aquellos años, como me voy a olvidar de ese sabrosísimo condimento, según mi abuelo decía que lo que yo hacía era una chanchada!! “la mostaza es para el puchero nene” ¡Y yo pensaba ya a mis 5 años de edad y le respondía, “pero abuelo! ¿Si le pones mostaza a las papas y verduras y carne del puchero, porque no hacerlo con el arroz?”

Era una discusión interminable, y también de grande lo seguía diciendo, pero bueno, sobre gustos nadie escribió nada aun, y espero que nadie lo escriba, comer y mezclar sabores es algo hermoso y que nadie nos puede corregir, gustos son gustos, no? Algo que no quiero dejar de contarles es lo siguiente, si bien uno siempre recuerda cosas de la infancia que lo marcaron, a mí fue todo dentro de la cocina, y es algo hermoso lo que me paso, siempre, aparte de la sopa y el plato principal, que no siempre era arroz, siempre le prepara al abuelo unas ensaladas enormes de cebolla y lechuga, y cuando digo de cebollas, ¡es porque tenía un montón!!! José usaba siempre vinagre de manzana y aceite de uva, ya un poco desaparecida por hoy, y quedaban realmente riquísimas, pero eso sí, a la media hora de haber comido esta ensalada no te podías acercar al abuelo y creo que no es necesario la explicación al respecto.

Él era fanático de estas ensaladas, recuerdo que se tomaba hasta el jugo que dejaba en el fondo.