Hola, soy un chef y me llamo Juan Ignacio Bernardini, en mi hermosa y pequeña ciudad de Azul, es donde todo comenzó. Tres personas marcaron mi vida gastronómica, mi abuela materna Blanche Jhones de Martins, mi abuelo paterno Don Jorge Bernardini, y mi padre Daniel Alberto Bernardini, tratare de contarles cómo fue que la cocina de mi familia no profesional llevo a transformarme hoy en un chef profesional.

Cuando empecé a cocinar, en realidad no sé si lo recuerdo exactamente, pero de algo si estoy seguro, es que era muy pequeño, eran días de lluvia y es obvio que no se podía salir al patio a jugar, entonces mi abuela Blanche Jhones me decía, “veni Juancito, ayúdame a preparar estos budines”, y claro, yo, imposibilitado de hacer mis desastres y travesuras en el exterior, me disponía a ayudar a la Abu.

La cocina formaría parte de mi vida de alguna u otra forma

Desde ya que no se con exactitud que es lo que cocine por primera vez en mi vida, pero si supe desde el principio, es de que la cocina formaría parte de mi vida de alguna u otra forma.

El momento en el que mi abuela me pedía los ingredientes, recuerdo que yo caminaba desde la cocina comedor a un cuarto adjunto, que también servía de comedor de diarios, en donde en unos placares grandes ella tenía todo lo que te pudieras imaginar para preparar los más deliciosos budines y tortas galesas, aunque, a decir verdad, esta última, no era la que más preparábamos, ya que llevaba varios ingredientes, y en mi pequeña ciudad no era tan fácil conseguir todo lo necesario.

Recuerdo que en esos viajes en busca de los ingredientes, me perdía entre vainas de vainillas encapsuladas en tubos de vidrio, cortantes de galletitas antiguos, libros de cocina, ¡y moldes de tortas que seguramente tendrían más de 100 años!!

“Juany!!! ¡Que estás haciendo”, decía mi abuela con su delicada y dulce voz, ya sabiendo lo que estaba pasando, “ya voy!!!” mientras borraba cualquier rastro de chocolate Águila de mi comezón.

Yo aprendía a cocinar de la mano de los mejores…

Cuando todos se quejaban de los días nublados, fríos y lluviosos yo era feliz, es más, lo sigo siendo, a parte, en estos días era cuando yo más aprendía a cocinar de la mano de los mejores, sin nombrar la enciclopedia gastronómica de mi tía Susana Martins, que también fue responsable de mi formación culinaria, las revistas paladar, ¡y como olvidarme de nombrar a la mejor!!! Doña Petrona.

Antes de preparar cualquier receta Argentina, recuerdo que eran infaltables los tecitos con limón preparados en un vaso Cervecero pintado a mano, siempre lo preparábamos, le llamábamos “el chupe y pase” se tomaba con una bombilla larga larga.

Es imposible olvidar que mi abuela tenía una memoria muy frágil, o podríamos llamarle distraída, “¿tienes algo dulce para acompañar él te?” preguntaba yo, “uuuuyyyyy!!, no tengo nada” y yo disparaba a las alacenas a hurguetear, y si! Algo siempre encontraba entre los moldes y azucareras, ¡“mira lo que encontré! Decía contento y con una sonrisa de oreja a oreja.

Ahora sí, ya estábamos listos para disfrutar de lo más emocionante que me podía pasar en un día  gris, ¡cocinar!!!