Historias de cocina

La torta de ciruelas de la abuela Blanche: la receta húmeda que horneábamos juntos

Por Juan Bernardini · chef privado, 30 años de cocina

Ablandar las ciruelas, sacarles el carozo y terminar con las manos oscuras y pegajosas: así aprendí, de la mano de mi abuela Blanche, la torta de ciruelas húmeda que todavía recuerdo paso por paso.

Torta de ciruelas casera en plato de cerámica sobre mesa de madera antigua

Cuando nos disponíamos a cocinar —a veces esta torta, a veces el arroz que tanto esperábamos los nietos— recuerdo que mi
abuela Blanche me enseñó, quizá sin saberlo, a preparar todos los ingredientes sobre la mesa antes de
empezar la mezcla, y a tener todo ordenado y listo, desde la batidora hasta los moldes.

Las ciruelas, primero

Lo que más tiempo llevaba era ablandar las ciruelas para la torta, y lo más importante: sacarles el
carozo, duro y grande. Esa tarea me encantaba — era un trabajo especial para un niño. Me ensuciaba
mucho con esas ciruelas: ¡me quedaban las manos oscuras y pegajosas! Me encantaba hacerlo; aprender que ese
sería mi camino como chef me hacía feliz. Después de terminar mi tarea pegajosa, tenía
que cortarlas en trozos y dejarlas en remojo en vino Oporto mistela Crota — esa parte, tarea de la
abuela.

Después venía algo súper divertido: el batido de la manteca con el azúcar. No solo era divertido, sino
que era el secreto —y lo sigue siendo— que le da a las tortas esa esponjosidad tan particular y
ese aire que queda en la masa. Esta tarea la hacíamos a mano o, en los mejores casos, con la batidora
eléctrica, que se sumó a la cocina de mi abuela años más tarde. Batir la manteca era fascinante: era
increíble ver cómo aumentaba el volumen y cambiaba de un color ámbar a un blanco intenso.

Luego venía el turno de los huevos, que nos regalaban unos amigos de la familia a los que llamábamos
“los chilenos” —porque realmente lo eran. Hoy no recuerdo su apellido, pero sí que esos
huevos eran increíbles: súper amarillos y frescos, le daban un color hermoso a las tortas de la abuela. No
se lucían tanto en la torta de ciruelas, que salía oscura, pero sí en el resto de las cocciones.

Los huevos, de a uno

La técnica para incorporar los huevos, según mi abuela, era agregarlos de a uno y batir sin cesar —
una estrategia habitual en la repostería que ella hacía de manera instintiva, pero que tiene una explicación
lógica: si los ponés todos de golpe puede afectar la torta, porque algunos huevos son más grandes que otros
y no siempre se necesita la misma cantidad. Pero en fin, los poníamos de a uno y con mucho cuidado.

Cuando terminábamos de incorporar los huevos llegaba el turno de las ciruelas, esas mismas que yo había
destrozado jugando en la mesa y que me habían manchado las manos. Ella ponía las ciruelas y yo, con una
cuchara de madera, batía suavemente — y lo que sí recuerdo es que, al momento de agregar la harina, la
batida se volvía más pesada.

“¿Querés que siga yo, Juancito?”, preguntaba mi abuela. Pero yo quería ser parte de esa torta
y no me importaba cuán cansado terminara, con tal de ayudar a Blanche a terminar de cocinar la legendaria y
tan aclamada torta de ciruelas húmeda. Esa fue mi primera escuela de repostería, mucho antes de las madrugadas horneando pan en Los Pinos.

Juan Bernardini

Juan Bernardini

Chef privado en Buenos Aires · 30 años de cocina

Cocina en vivo en casas, quintas y oficinas, hasta 30 invitados. Apareció en La Nación, Clarín y El Cronista; 5/5 con más de 440 reseñas en Google.

Conocé a Juan · Escribile por WhatsApp · Instagram · LinkedIn

¿Querés que cocine Juan?

Contanos la ocasión, la fecha y cuántos son. Te responde el mismo Juan.

Consultá por WhatsApp